El pasado 19 de abril pudimos aprender a gestionar la frustración de los hijos de la mano de Loreto Cid. Pero… ¿qué es la frustración? Es la vivencia emocional que sentimos cuando no se cumple aquello que queremos. Es el desencuentro entre lo que vemos y lo que pasa.

Está claro que todos queremos hijos fuertes. No obstante, no siempre nos resulta fácil. Uno de los principales obstáculos con el que nos encontramos como padres es la falta de tiempo. Una de las consecuencias de esta falta de tiempo nos lleva a la sobreprotección. En vez de atender a las necesidades de los niños les damos todo. Como resultado, tenemos hijos exigentes, dispersos y que se aburren con nada.

Vivimos en la era de la sobreeducación y la sobreestimulación. Los niños cada vez aprenden más rápido y más cosas. Se les apunta a todo tipo de actividades, clases y cursos. Como si el aprendizaje viniera de fuera hacia dentro. Todo esto está muy bien, pero se nos olvida lo principal: el afecto. Una de las bases principales a la hora de educar a nuestros hijos es transmitirle afecto y seguridad.

Uno de los motivos por los que nos resulta difícil gestionar la frustración de los hijos es, como ya hemos dicho, la falta de tiempo. Educar a un niño es una tarea compleja, requiere de una dedicación exhaustiva y de un tiempo que, muchas veces, no tenemos. En vez de pasar tiempo con ellos lo más fácil es darles todo hecho. Al no tener tiempo de atender sus necesidades, es mucho más sencillo sobreprotegerle y hacer todo por él/ella.

En nuestras escuelas infantiles valoramos la importancia de pasar tiempo al aire libre. ¿Recuerdas tu infancia jugando en el parque o en la calle? A día de hoy casi no se ven niños en los parques. La razón, la sobreestimulación: cursos, actividades, videojuegos, teléfonos móviles. ¿El resultado? Niños que se aburren a la mínima, que necesitan hacer algo constantemente y cada vez más exigentes. La sobreestimulación es un veneno para la creatividad, mientras que el aburrimiento es lo que precede al aprendizaje y a lo creativo. Pensamos que para que el niño no se aburra hay que darle de todo pero, como decía Miguel de Unamuno:

“El aburrimiento es el fondo de la vida, y el aburrimiento es el que ha inventado los juegos, las distracciones, las novelas y el amor.”

Otro de los inconvenientes que nos encontramos a la hora de gestionar la frustración de los hijos son las creencias. Pensamos que somos fuertes si “pasamos” del dolor y nos ponemos una máscara. Como si no nos importaran las cosas. Es fundamental enseñar al niño que los fracasos y los errores son la puerta hacia el éxito. Fallar y cometer errores nos asusta, y mucho, y no hay nada de malo en ello.

Los verdaderos aprendizajes se hacen a fuego lento

En palabras textuales de Loreto: “No se puede solucionar nada que no se quiere saber”. Todo ello sin contar con que vivimos en la época del todo ya. Queremos todo para ayer y sin equivocarnos. Los verdaderos aprendizajes, aquellos que son importantes, requieren de tiempo. Son aquellos que se hacen a fuego lento. Tolerar la frustración no es que no me pase nada, sino que aprendo a aceptar lo que está pasando. Es importante enseñarles esto a nuestros hijos para poder gestionar sus sentimientos de angustia o impotencia en momentos dados.

Somos la fuente emocional de nuestros pequeños. La salud mental está en la regulación emocional, en aprender a gestionar y dirigir lo que nos pasa. Un niño pequeño no sabe hacerlo, por eso estamos los padres, para aprender a hacerlo primero con nosotros y después, con ellos.